viernes, 8 de octubre de 2010

María Isabel


Ese era el nombre de mi maestra de séptimo grado, y de la responsable de esta adicción que contraje por la escritura.

Si cierro los ojos aún puedo ver, detrás de mis párpados, la imagen y los sonidos de ese salón de clase lleno de niños de doce años, ese día en que descubrí lo que quería hacer por el resto de mi vida.

María Isabel era una maestra joven y llena de entusiasmo. Había llegado a mi ciudad hacía poco tiempo, proveniente del sur del país, y traía consigo toda la pasión y la persistencia de quien busca tocar y conmover el alma de un niño.

A María Isabel le gustaba utilizar prácticas y actividades novedosas, que pudieran motivarnos y sacarnos del encasillamiento de las clases tradicionales de escuela primaria.

Ese día la consigna era escribir un cuento corto, que no ocupara más de una carilla, sobre lo que quisiéramos. Todos nos quedamos en silencio, mirándola, esperando más indicaciones. ¿Sobre lo que quisiéramos? ¿No había una directiva al estilo “Composición tema: la vaca”?

No. Sin consigna temática. Solo lo que la imaginación dictara.

Recuerdo el lugar exacto en donde se encontraba mi pupitre dentro del salón de clase, la distancia que me separaba de la pizarra, el rostro de María Isabel parada al frente del aula, y la visión perturbadora de la hoja rayada en blanco de mi carpeta ante mi, como desafiándome de manera burlona, mientras el bolígrafo se balanceaba ansioso entre mis dedos.

Y entonces ocurrió. Por primera vez sentí esa sensación que ya nunca podría abandonar y que me definiría para siempre.

Fue como si se corriera la niebla y, de pronto, el camino se hiciera claro frente a mi. Fue como si un haz de luz se hubiera filtrado entre la tormenta iluminando un lugar exacto y preciso. Fue como si siempre hubiera estado allí, dentro de mi, esperando a que me decidiera a correr el telón.

Algunos llaman a esa sensación inspiración. Yo la llamo también placer, satisfacción  y plenitud.

De repente, la idea en mi cabeza tomó vida propia. Se apoderó de mi mente por completo, reclamando su atención total, y no mucho después mi mano también fue cautiva.

Las palabras parecieron viajar de mi cabeza a mis dedos como un torrente sin control, desparramándose por la hoja según su propio ritmo y cadencia.

Antes de que pudiera comprender lo que estaba ocurriendo, la carilla otrora blanca se había llenado de metáforas, imágenes y personajes, y me encontré a mi misma leyendo una narración que no podía estar segura de que fuera mía.

Fue en ese preciso instante, cuando volví en mi misma después del frenesí de la escritura, que supe que ya nunca sería la misma.

Hasta ese momento siempre había creído que algún día sería una diseñadora de indumentaria, y que mi futuro estaría plagado de dibujos, telas y glamour. Aún cuando era ya entonces una ávida lectora, la literatura siempre se me había antojado un hobbie, un divertimento para mis tiempos de ocio.

Pero esa mañana, en esa clase llena de niños, de olores, de colores y de sonidos, miré atentamente a mi creación y supe que hasta ese momento había estado horriblemente equivocada.

Desde ese día, y hasta hoy, no puedo imaginar otra cosa que me defina mejor que la escritura.

Escribir es mi momento más pleno, más feliz y más determinante. Es tiempo que no transcurre, que no se dilata, que no se lamenta haber perdido. Son segundos, y minutos, y horas que son solo míos. No hay instante en que me sienta más yo misma que cuando escribo, ni droga más adictiva para mi mente que la embriaguez que produce la inspiración espontánea, esa necesidad de plasmar que te carcome los huesos y te contrae la conciencia, como un sonido chirriante y constante al fondo de la mente que solo se detendrá cuando emerja de mi cabeza y encuentre sus rutas a través de mis dedos, convertido en palabras.

No hay momento más increíble y más fabuloso como individuo que ese en que uno descubre su razón de ser, su don, eso que lo define como persona.

Hace muchos años que no veo a María Isabel. Más de los que puedo precisar. No estoy segura de si aún está al frente de un salón de clases o si su vida la ha llevado por otros rumbos.

Me gustaría pensar que todavía enseña, que sigue levantándose cada mañana con el propósito de cultivar y motivar alguna mente infantil. Ruego que no se haya dejado vencer y corromper por los obstáculos, la desesperanza y las angustias del sistema educativo. Espero que no haya perdido ese espíritu desafiante que la hizo inolvidable para mi.

Nunca tuve la oportunidad de decirle lo que causó en mi, probablemente porque fui capaz de vislumbrar la magnitud del momento muchos años después.

Tal vez un día, por alguna gracia del destino, pueda publicar un libro de mi autoría y dedicárselo a María Isabel.

Porque se lo merece.

Pero sobre todo, porque quiero que sepa que todos sus esfuerzos no fueron en vano.

En ese salón de clases, en una ciudad anónima, entre otra treintena de niños chillones, su entusiasmo fue un faro que cambió mi vida para siempre.


Paula

4 comentarios:

  1. Al leer esto, pienso que es impresionante hasta que punto otras personas pueden influir en nosotros. Ciertamente tu maestra fue un personaje crucial en tu vida. Y tienes un talento tan grande para la escritua, que me abruma. Desde la primera vez que leí una de tus historia (en FF, de donde por cierto vine hasta acá), supe que serían mis favoritas. Es que es increíble la cantidad de cosas que siento cuando las leo. No miento :)
    Ya estoy siguiendo tu blog y te aviso que siempre que publiques algo me verás por aquí, eh! ;)
    Saludos!
    Denisse.-

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  2. Hola, tambien te conoci en FF x el fic que usas como titulo. (Lakentsb) y me encanta lo que encontre aqui, me hiciste recordar el dia que escribi mi primer poema, a los 12!!
    espero leer mas! tienes un gran talento, ya te lo dije!

    Cariños! Susy (www.hojassueltasdesusanabuisson.blogspot.com)

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  3. Que loco esos momentos que nos marcan...
    Quedan grabados a fuego que hasta los olores se recuerdan!!!!!!
    Pregunta: "¿Llegaste a blanquear con ella, lo que inspiro en vos, o eras muy chica cuando te paso y quedaste como una alumna mas?
    Mera curiosidad......
    bss de su coterranea
    Zam

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  4. Hola Zami!!! Que bueno verte por acá.
    Te cuento que nunca llegué a decirle a María Isabel realmente con qué magnitud afectó mi vida, pero si se que ella me recuerda, porque la he cruzado por la vida algunas veces más (aunque ahora hace ya al menos 10 u 11 años de eso) y siempre nos hemos abrazado y me ha preguntado por mi vida. Creo que siempre le hice evidente que para mi no era una maestra más. Ojalá algún día le pueda dedicar un libro para que sepa cuánto marcó en mi vida.
    Beso!

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